Que el mundo camina hacia una moneda o algún sistema de pago electrónico no tiene vuelta de hoja, la propia dinámica de la sociedad actual lo exige, celeridad y comodidad en las transacciones son la parte positiva, lo hemos visto en la Bolsa y en otros muchos ámbitos durante los últimos años. Tendencia que se refuerza por el interés del "poder" en facilitar un sistema que pueda ser absolutamente controlado y un sistema digital lo serÃa hasta en el último de sus movimientos. Tiene ventajas, es indudable. Pero también esconde grandes peligros. Por un lado el control sobre los movimientos de dinero serÃa total, en principio muy útil para evitar actividades delictivas pero llevado al extremo puede implicar un control sobre los ciudadanos normales y un uso abusivo o retorcido de dicha información. Por otro lado serÃa una moneda virtual que no tendrÃa contraprestación fÃsica alguna y que por tanto no podrá guardarse en cartera, bolsillo o caja fuerte con el componente de inseguridad que ello conlleva. Un peligro más es que el sistema monetario serÃa totalmente dependiente de la electricidad y la informática, lo que acarrea dos nuevos problemas, el primero que las empresas que controlen dichos sistemas serán todopoderosas y ya saben, poder total, corrupción total, y el segundo que una sistema asà serÃa totalmente vulnerable a un fallo generalizado eléctrico- informático que puede ser causado de muchas maneras, desde un pulso mágnetico, hasta una erupción solar, pasando por ciberataques. De pelÃcula, pero absolutamente cierto.
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